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Violencia en las manifestaciones

Alebrijes en Cuadratines
Por Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

Se podrá estar de acuerdo en las razones por las cuales persona salen a las calles a manifestarse, máxime si lo hacen de forma pacífica, quizá hasta soportar por momentos algunos problemas de tránsito, pero lo que de ninguna forma debe aceptarse es que individuos ajenas a esas movilizaciones, ocultos bajo máscaras, pañuelos o pasamontañas, generen actos violentos donde se afecten no solo edificios y comercios, sino también personas.

            Esas agresiones se vivieron en la Ciudad de México la semana pasada, durante las marchas realizadas, el jueves, por el quinto aniversario de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, y el sábado por la manifestación de mujeres en favor del aborto, donde personas enmascaradas realizaron diversas agresiones, incluso intentos de incendio en una librería y en la puerta de la Cámara de Comercio capitalina.

            Y uno se pregunta: ¿qué hacen las autoridades y la policía para contener estos actos violentos? La respuesta: nada.

            Sucede que en línea con lo decretado por el gobierno federal en el sentido de que no son autoridades represoras y se permite la libertad de expresión, han decidido que no se actuará en contra de ninguna manifestación pública. Incluso la administración de la Ciudad de México, encabezada por Claudia Sheinbaum, desde que asumió su responsabilidad acordó la desaparición de la corporación de granaderos.

            Ello, en referencia a su accionar represor durante el movimiento estudiantil de 1968, hace ya más de medio siglo, ya que recientemente esta agrupación se dedicaban a vigilar se mantuviera el orden eventos públicos, como conciertos en el Zócalo o en aglomeraciones a la entrada y salida de espectáculos y de estadios deportivos. Tan solo alguien mencione no sólo en los últimos años, sino por lo menos en tres décadas alguna acción represora.

            Por ello, durante las citadas manifestaciones los policías quedaron sin poder actuar. Resultó patético ver cómo esos encapuchados vandalizaban edificios, paredes, mobiliario urbano frente a policías y éstos únicamente quedaban sin actuar, como si nada sucediera.

            Una cosa es reprimir una manifestación ciudadana, que expresa inconformidades sociales y demandan solución a sus peticiones, y otra mucho muy diferente contener a estos violentos pseudoanarquistas; si actuara la policía de habría ninguna crítica en su contra, al contrario se les agradecería.

            Incluso el jueves existió el riesgo de un enfrentamiento entre comerciantes de la calle Motolinía, en el Centro Histórico capitalino, quienes estaban dispuestos a enfrentarse con esos encapuchados si es que intentaban atacar sus locales. Afortunadamente no sucedió nada ya que los agresores decidieron no enfrentarse con ellos.

            Pero, ¿qué hubiera sucedido de registrarse el choque entre encapuchados y comerciantes? Sin duda, no solo se presentarían daños materiales, ya que habrían resultado personas heridas y, quizá, hasta muertos, afortunadamente no sucedió nada de eso.

            Es necesario tomar medidas preventiva para evitar daños mayores, que no únicamente se trata de cuantificar pérdidas materiales o daños a sitios históricos, también la imagen que se proyecta al exterior de una ciudad violenta, lo cual indudablemente aleja al posible turismo que analizara visitar no solo a la Ciudad de México sino algún otro punto de país, porque lamentablemente esa imagen se generaliza, sin importar dónde suceda.

            Ahora, el próximo miércoles se realizará la tradicional marcha para conmemorar los hechos del 2 de octubre de 1968, pero la jefa de Gobierno de la Ciudad de México ya anticipó que se mantendrán las acciones preventivas y no represivas.

            Según Sheinbaum la actuación de la policía durante la manifestación del sábado la calificó de acertada, aunque reconoció que no hay justificación de los destrozos ocasionados por los grupos que exigían la despenalización del aborto, ya que en la Ciudad de México desde hace más de una década es legal la interrupción del embarazo.

            Pero sucede que las violentas no fueron esas manifestantes sino otras, como se dijo antes, embozadas y ajenas a esa expresión social. Incluso la jefa de gobierno capitalino expresó: “Hubo una acción preventiva muy importante, de otra manera hubiera sido mucho mayores los daños y, como lo hemos dicho aquí, no hay una acción represiva por parte del gobierno, pero sí hacemos todo lo necesario para evitar daños a terceros”.

            Lamentablemente sólo hasta que suceda una tragedia, un hecho que no pueda resolverse con pintura y vidrios nuevos, será hasta que por fuerza se espera un cambio de punto de vista de cómo atender este problema.

            No debe omitirse que ya en Palacio Nacional se han registrado enfrentamientos entre manifestantes y elementos militares, por lo que tampoco debe descartarse aplicar medidas preventivas pero para ello será necesario cambiar la idea de gobierno de manga ancha a todos los violentos sino de frenar a encapuchados que generan violencia impunemente.