Maullidos Urbanos
Por Gato de Barrio
En lo que fue su quinta reaparición pública tras dejar de ser presidente, Andrés Manuel López Obrador difundió en su cuenta de “X” una carta dirigida a Donald Trump, mandatario de Estados Unidos, donde externó su apoyo «sin condiciones» hacia Claudia Sheinbaum, a la vez que pronunció una reflexión sobre el líder republicano que se resumió en una frase imposible de cumplir: «Por el bien de todos, que regrese el otro Trump».
El político tabasqueño denunció una “embestida” desde la Casa Blanca, bajo los argumentos de combatir la migración y el “narcoterrorismo”, respondía estrictamente a una estrategia de carácter político y electoral con miras a los comicios estadunidenses de noviembre. Incluso, respaldó a Sheinbaum Pardo, al afirmar que las acusaciones de carecen de un interés genuino por resolver la adicción a las drogas en su propio país.
En cambio, aseguró que funcionarios estadunidenses traman debilitar de forma sistemática al partido Morena para fortalecer a la oposición de derecha en México, con el objetivo latente de imponer un gobierno «entreguista, corrupto, mafioso y cruel» que resulte vulnerable y subordinado a los intereses de la Casa Blanca.
Pero esa misiva más que de respaldo a la presidenta resultó ser una de autodefensa, donde intenta destacar lo que presuntamente se alcanzó durante su gobierno, incluso recordó que alertó personalmente a Trump del error que sería catalogar de terroristas así a las bandas delictivas, una advertencia que inicialmente fue escuchada, pero que hoy ha derivado en una «licencia para secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial».
Sin embargo, López Obrador expresó que diversos funcionarios estadunidenses están tramando debilitar de forma sistemática al partido Morena para fortalecer a la oposición de derecha en México, con el objetivo latente de imponer un gobierno «entreguista, corrupto, mafioso y cruel» que resulte vulnerable y subordinado a los intereses de la Casa Blanca.
Pero donde no existe ningún rasgo de cordialidad fue cuando al hablar sobre las decisiones de Trump, las atribuyó las políticas actuales a la preocupante influencia de un entorno de asesores internos y externos, a quienes describió como «inexpertos, resentidos y fanáticos consejeros que no son hombres de Estado».
Incluso, le aconsejó a que rectifique su rumbo, recupere su juicio práctico y «mande al carajo a las rémoras que lo rodean», cerrando su carta con la frase que recuerda a una de sus múltiples expresiones que marcaron a su administración.
Pero todos esas calificaciones –o mejor dicho “descalificaciones”–, aunque están dirigidos a los colaboradores cercanos a Trump, la realidad es que van directamente hacia el mandatario estadounidense, ya que son funcionarios no solo fueron nombrados por él sino, además, cumplen cabalmente con las instrucciones presidenciales que reciben, es decir que no actúan de forma autónoma, por sí mismos.
Además, lo que pretende López Obrador es evitar que alguno de los llamados narcopolíticos sea presentado ante las autoridades norteamericanas porque en caso de ser interrogado entonces, sin duda, resultaría implicado en actividades irregulares de las cuales difícilmente podría defenderse.
Aunque la presunta intención era defender a Sheinbaum, con ese tipo de cartas la realidad es que la perjudica porque la involucra en asuntos y temas donde ella es ajena, pero prefiere agradecer el aparente respaldo a ver con una visión critica las consecuencias que le podría generar a futuro.









