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Fortunato Morales, una vida en la UAEMéx acompañando la formación de artistas

  • Hace 30 años encontró en la Universidad un segundo hogar; desde el Almacén de Herramientas, «Don Fortu» ha sido testigo del crecimiento de la Facultad de Artes y de las historias de quienes hoy destacan en el ámbito artístico.

Toluca, Estado de México.

Por La Redacción.

Durante tres décadas, Fortunato Morales González ha visto crecer la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Desde el Almacén de Herramientas, donde trabaja actualmente, ha convivido con generaciones de estudiantes, docentes y artistas que han dejado huella en este espacio académico. Su historia, marcada por el esfuerzo y la perseverancia, también forma parte de la memoria universitaria.

Conocido como Don Fortu por la comunidad de la Facultad, su camino comenzó lejos del Estado de México, en Nogales, Veracruz, donde creció en una familia de nueve hermanos. Su papá era peluquero y su mamá se dedicaba al hogar. De niño disfrutaba las clases de Historia y Geografía, y los momentos con los amigos que conservaría toda la vida.

Sin embargo, la situación económica de su familia le impidió seguir estudiando. Al terminar la secundaria tuvo que ponerse a trabajar para ayudar en casa.

«Como éramos bastantes hermanos era bien difícil que a todos nos dieran estudios. Mis papás también estudiaron muy poco, nada más hasta la secundaria. Yo llegué hasta ese nivel y después tuve que empezar a trabajar, más que nada para ayudar a mi mamá, porque sí hacía falta dinero en la casa», recordó.

A los 15 años entró a un taller mecánico, donde aprendió algunas tareas del oficio. Alrededor de los 18 se incorporó a una fábrica en una región veracruzana de gran actividad textil. También trabajó cerca de año y medio en una papelera, hasta que un recorte de personal lo llevó a buscar nuevas oportunidades.

A los 34 años, la invitación de un amigo de la infancia lo trajo a Toluca, donde consiguió empleo en la Comisión Agraria Mixta del Gobierno del Estado de México. Ahí hizo labores de archivo durante nueve años y conoció a Clara, quien sería su compañera de vida. Hoy suman 40 años de matrimonio y tienen dos hijos.

Cuando la Comisión Agraria Mixta cerró, su estabilidad laboral volvió a ponerse a prueba. Entonces se incorporó al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), donde participó en actividades de los censos de población y vivienda. Tras unos dos años, su contrato estaba por terminar y debía buscar otra fuente de ingresos.

Con hijos pequeños y una familia que sostener, la incertidumbre le preocupaba. Pero un encuentro fortuito con un antiguo compañero de la Comisión Agraria Mixta le abrió una puerta: en el sindicato de trabajadores de la UAEMéx buscaban personal.

«Yo no sabía ni dónde estaba el sindicato. Ya preguntando me dijeron que estaba en las calles de Altamirano y Gómez Farías. Para mi buena suerte, la primera persona que encontré fue una licenciada que trabajaba ahí y que además era mi vecina. Le expliqué que me habían dicho que estaban solicitando personal y me atendió», relató.

La vacante era para limpieza y Fortunato aceptó sin dudarlo: lo importante era tener un empleo y un ingreso seguro para su familia. Reunió los documentos solicitados, incluso viajó a Veracruz por su acta de nacimiento, y poco después le indicaron que se presentara a los exámenes correspondientes.

Así, en 1996, comenzó su historia en la Facultad de Artes, que entonces daba sus primeros pasos. Don Fortu recuerda que la comunidad era pequeña: había dos veladores, dos trabajadores de mantenimiento y una secretaria, y la matrícula rondaba entre 36 y 38 estudiantes.

Con los años, la Facultad creció y también sus responsabilidades. Con más estudiantes y más actividades académicas, le ofrecieron encargarse del resguardo y la distribución de herramientas. De las labores de mantenimiento pasó al Almacén de Herramientas, donde hoy atiende a estudiantes y docentes.

Para él, uno de los mayores gustos de su trabajo es convivir con quienes han pasado por las aulas y talleres de la Facultad. En tres décadas ha visto formarse a generaciones de artistas, algunos de ellos con reconocimiento en sus disciplinas.

«Es muy bonito convivir con los alumnos, con todos los que han estado aquí. En estos treinta años han pasado muchos estudiantes y muchos de ellos son muy buenos artistas. Algunos ya tienen un nombre y son reconocidos, incluso vienen a verme o me mandan saludos. Eso es algo que a uno le da mucho gusto, porque se acuerda de ellos y también ellos se acuerdan de uno», expresó.

Entre los egresados que recuerda está Sergio de la Rosa, artista plástico y paleoescultor, reconocido como uno de los principales exponentes del wildlife art en México, cuyas piezas tienen valor artístico y científico. Para Fortunato, reencontrarse con quienes fueron sus estudiantes es una forma de comprobar que su trabajo también ha acompañado su formación y creación artística.

Más allá de sus tareas, la UAEMéx se volvió un espacio fundamental en su vida. Ahí encontró la estabilidad que le permitió sacar adelante a su familia, acompañar el crecimiento de sus hijos y construir relaciones que van más allá del trabajo.

A sus 76 años, Fortunato Morales González recuerda con gratitud el camino que lo llevó desde Nogales, Veracruz, hasta convertirse en uno de los rostros más familiares de la Facultad de Artes de la UAEMéx. Después de 30 años, sigue en el Almacén de Herramientas, donde su labor diaria forma parte de la vida universitaria y su historia se entrelaza con la de una institución que, con el tiempo, también se convirtió en su hogar.

Reportera: Mayra Martínez

Fotógrafo: Orlando Tenorio