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Opinión

Necesaria nueva estrategia de seguridad pública

Alebrijes en Cuadratines
Por
Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

La semana pasada se registró la mayor crisis en la administración que encabeza Andrés Manuel López Obrador, cuando tras un fallido operativo para detener a Ovidio Guzmán, uno de los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, en Culiacán, provocó un tiroteo que provocó pánico en toda esa ciudad y donde quedó en evidencia que la estrategia de seguridad implementada es poco menos que ineficaz e inútil.

            López Obrador ha insistido en que no utilizará a la policía ni al ejército en contra del pueblo, es decir que no utilizará a las fuerzas armadas para, supuestamente, reprimir a la población simplemente porque “no es igual a anteriores gobiernos”.

            Por ello, tanto en sus conferencias de prensa mañaneras como en sus discursos pronunciados en giras de trabajo que el presidente ha expresado frases como no balazos, si a abrazos, que el crimen hay que decirle fuchi y guácala, que a los delincuentes los va a acusar con sus madres y abuelitas para que los regañen y se porten bien.

            Sin embargo todo ello ha resultado inútil y este tipo de estrategia, en lugar de causar temor entre la delincuencia se ha prestado para burlas y no ha afectado las actividades de quienes impunemente violan la ley, que van desde los vándalos pseudoanarquistas que se infiltran en marchas y manifestaciones, pasando por normalistas que no secuestran autobuses, sino que los toman prestados para sus mítines, tomas de vialidades, carreteras y casetas de peajes, y ahora con integrantes del crimen organizado que salen a las calles con armamento de alto poder para intimidar no sólo a la población sino hasta las mismas autoridades.

            Sucede que el llamado gobierno de la Cuarta Transformación mantiene el trauma de lo sucedido hace medio siglo, cuando se registró la represión estudiantil. Por eso en una de sus primeras acciones oficiales Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la Ciudad de México, ordenó desaparecer el cuerpo de granaderos cuya labor era mantener y controlar el orden en actos públicos, tanto oficiales como deportivos y de protesta de activistas sociales.

            Con López Obrador sucede lo mismo: se resiste a utilizar la fuerza pública constituida que está autorizado legalmente a aplicar, ya que el Estado tiene el monopolio legal del uso de la fuerza y prefiere apelar con mensajes de paz a todo el que llama pueblo bueno, pero que no es suficiente para contener a la delincuencia y combatir la inseguridad.

            Es más, se molesta que lo comparen con anteriores presidentes pero nunca antes se registró un caso así, donde las autoridades desaparecieran, desde las municipales hasta las federales, dejando el espacio libre y abierto a la delincuencia. ¿Cuántos operativos fallidos se desarrollaron con Peña Nieto? Que recuerde, pocos y de haber sucedido no resultaron tan catastróficos. Es más, fueron varias capturas de los considerados como objetivos primordiales sin disparar un solo tiro.

            Ahora, en Culiacán sí hubo al menos ocho personas muertas, las cuales además de ser ignoradas por las autoridades, varios de los cuerpos se mantuvieron en las calles por muchas horas antes de ser recogidos por personal del Servicio Médico Forense, sin omitir daños materiales a viviendas y comercios y el incendio de automóviles y camiones de carga.

            Después de una serie de versiones encontradas que comenzaron con la información de que los militares habían respondido a una agresión, finalmente se reconoció en conferencia de prensa que la operación se había preparado para detener a Ovidio Guzmán con fines de extradición, pero reconocieron que el personal encargado de la aprehensión actuó de manera precipitada, sin medir las consecuencias para poder obtener un resultado positivo.

            Entonces toda la responsabilidad es del gobierno federal por no preparar adecuadamente las diferentes etapas del operativo. ¿Por qué no actuar hasta que se tuviera la mencionada orden de aprehensión? Ya no es válido culpar a la corrupción al interior de las dependencias oficiales cuando, se supone, el personal que labora en ellas ya no es corrupto y presuntamente son de su confianza.

            ¿Qué sucederá después? Francamente resultará difícil para la administración federal superar este suceso que ya lo ha marcado y es de esperar que la ciudadanía exigirá mejores resultados en el combate a la delincuencia y si López Obrador insiste en apelar a frases y dichos para intentar someter a quienes cometen delitos, entonces los hechos sucedidos en Culiacán se repetirán en otros puntos del país.

            Es necesario cambiar las estrategias, es insuficiente e inútil realizar las reuniones del gabinete de seguridad por las madrugadas porque no ofrecen resultados concretos. Así podrán pasar semanas, meses, incluso años y los niveles de inseguridad no serán abatidos.

            Insisto, si López Obrador no cambia de estrategias entonces serán los delincuentes quienes actuarán impunemente en las calles y la ciudadanía no podrá sentirse segura, incluso al interior de sus hogares.