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Maullidos Urbanos Opinión

Mensajes y popularidad

Maullidos Urbanos
Por Gato de Barrio

gatodebarrio@yahoo.com.mx

En el actual sexenio sucede una curiosa contradicción social y política. Por un lado, el presidente Andrés Manuel López Obrador registra altos niveles de popularidad, pero por otro su administración registra críticas por diversos problemas que no han sido atendidos de la mejor forma, como son asuntos de salud, seguridad y economía.

            De acuerdo con trabajos realizadas en noviembre pasado por diferentes encuestadoras, la más alta calificación la otorga ”Parametría” con una aprobación de 72% y una desaprobación del 24%: le sigue “Demotecnia” con 71% de apoyo y 21% de rechazo; les siguen “Buendía y Laredo” con 68% y 27%, “El Financiero” con 66% y 31%, “Enkoll” con 62% y 35%, y “Reforma” con 58% y 36%, respectivamente.

            ¿Qué tal alta es la popularidad de López Obrador, comparado con sus antecesores a la mitad de su mandato? Mientras Ernesto Zedillo Ponce de León se ubicaba en 59%, Felipe Calderón Hinojosa se colocaba en 55%, Vicente Fox Quesada se mantenía en 55% y el más bajo era Enrique Peña Nieto con 37%.

            Entonces aunque quieran resaltar que el actual mandatario goza de una gran popularidad, se puede decir que se encuentra en el mismo nivel que varios de sus antecesores, por lo que podría calificarse de una situación normal para la mitad del mandato presidencial, considerada cuando inicia la fase normal de declinación gubernamental, en particular en el sexto y último año, cuando ya existen primero candidatos formales y después presidente electo.

            Vale recordar que al concluir su sexenio Zedillo Ponce de León tenía 67% de popularidad, mientras Fox Quesada terminó con 61%, Calderón Hinojosa lo hizo con 59% y Peña Nieto con un 23%, aunque en este último caso gran parte del deterioro presidencial podría considerarse por la campaña proselitista de López Obrador, quien reiteradamente denunciaba diversos actos de corrupción y sus promesas de cambiar muchas presuntas irregularidades.

            En la encuesta titulada “Así es México” se revela que para el 30.1% de las personas el principal problema es la inseguridad; el 25:0% la corrupción, el 9.4% la crisis económica, el 8.0% la inflación, el 5.6% el covid-19, el 5.1% el narcotráfico, el 3.4% la violencia, el 4.3% la pobreza, el 4.0% el desempleo y 2.3% otras situaciones.

            Pero en el ramo de preocupación la inseguridad se ubica en el 52.8%, la economía en 32.4%, la salud en 10.2%, y otras en el 3.4%. Es decir que existen situaciones donde la sociedad expresa inquietudes que no han sido debidamente atendidas por el gobierno federal.

            Ahora, ¿cómo comprender esa contradicción entre la popularidad presidencial y la crítica social hacia sus fallas? Considero que López Obrador mantiene su “alta” popularidad gracias a sus campañas mediáticas, donde las conferencias de prensa llamadas “mañaneras” ocupan un lugar muy relevante, ya que es desde donde busca definir la agenda política nacional diaria, sin omitir sus trimestrales informes públicos donde, por cierto, no agrega cosas nuevas a lo manifestado desde el pódium del Salón Tesorería de Palacio Nacional.

            Además, en esos informes en el Zócalo capitalino el mandatario mexicano es donde se siente más a gusto, recibiendo los aplausos y el “cariño” del “pueblo bueno”, ya que no cumplen ninguna otra función social, al no aportar nada nuevo o relevante.

            Ahora, de acuerdo con “Spin Taller de Comunicación Política”, al pasado 1 de diciembre, cuando han transcurrido mil 97 días de gobierno, se habían realizado 740 mañaneras con un promedio de duración de una hora con 48 minutos, donde de las cinco palabras más insistentemente citadas por año han sido “pueblo” y “corrupción”, seguidas de “conservadores”, “!neoliberales”, “conservadores” y “Guardia Nacional” y; en 32 ocasiones, se ha quejado de ser “el presidente más atacado por los medios desde Madero” o “desde hace cien años”.

            Con las estadísticas de ese taller se destaca que en esas conferencias López Obrador ha expresado 66 mil 868 afirmaciones no verdaderas, un promedio de 90 en cada una de ellas. Entonces sucede que las personas no solo aceptan sino confían en la palabra del presidente, y admiten como verdad todo lo expresado, aunque en ocasiones no son reales o ciertas.

            Ayudado por los “periodistas” que le formulan preguntas a modo, para que el mandatario no sólo se explaye sino que se luzca ante su audiencia, tanto en medios electrónicos como en redes sociales, a fin de verbalmente “destrozar” no a sus adversarios sino a todos los que considera como enemigos personales o de su llamada “Cuarta Transformación”.

            Cuando ocasionalmente es cuestionado de algún tema incómodo, incluso con el respaldo de cifras oficiales, su salida recurrente es responder que él “tiene otros datos”, pero nunca los revela ni precisa para contrastar versiones, lo cual le permite quedar bien ante sus seguidores y, además, insistir en culpar a otros de las fallas de su administración.

            En conclusión, su “alta” popularidad carece de bases ciertas, se sustenta más en sus mensajes donde, de forma casi imperceptible cambia de opinión en temas como son el uso del ejército y los militares, la campaña de vacunación, el Teletón, incluso hasta quienes han sido leales a su forma de gobernar, como es el caso de la periodista Carmen Aristegui.

            Será hasta que los propios seguidores del presidente se den cuenta por ellos mismos que sus frases y expresiones no son ciertas, cuando empiecen a darle la espalda y su popularidad empiece a menguar, junto con el lamentable fracaso de sus errados programas políticos, sociales y económicos. Y eso sucederá, tarde o temprano.