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Opinión

Guardia Nacional, en operación

Alebrijes en Cuadratines
Por
Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

Aunque ya cumplía con varias asignaciones oficiales, ayer domingo empezó a operar oficialmente la Guardia Nacional (GN), la apuesta del gobierno para combatir a la delincuencia y al crimen organizado, ante las anteriores y fallidas propuestas de sacar al Ejército de los cuarteles funcionar como policía y crear una gendarmería que resultó insuficiente.

            Lamentablemente la violencia se ha generalizado a nivel nacional y la inseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los integrantes de la sociedad, ya sea como víctimas o como indefensos espectadores del avance de los delincuentes.

            Ahora, en el gobierno de la Cuarta Transformación encabezado por Andrés Manuel López Obrador, la propuesta de la GN no responde ni a la idea original ni a la iniciativa enviada al Congreso de la Unión para su correspondiente legalización, así como durante su integración se han registrado una serie de circunstancias poco favorables.

            SI bien el que se haya adelantado su conformación y presunta puesta en operación por razones de seguridad antes de tener un respaldo legal para sus acciones, podría comprenderse y justificarse, pero lo sucedido no resultaría aceptable porque demerita su principal propósito-

            El anunciarse de que los supuestos elementos hayan sido asignados a diferentes tareas, cuando en realidad eran soldados a quienes solo se les colocó una insignia con las iniciales GN, para hacer creer a la población que formaban parte de la nueva corporación.

            Después, el hecho de que se les pretenda utilizar para todo, desde cumplir con su papel de seguridad pública pero también combatir a los huachicoleros y, recientemente, para contener a los migrantes en ambas zonas fronterizas del país, en respuesta a las presiones políticas de Donald Trump como parte de su campaña política en búsqueda de su reelección presidencial.

            Además, al faltar un manual de operaciones generó que varias entidades y municipios hayan solicitado su participación y se afirmara que los correspondientes gastos correrían a cargo de esas autoridades resultó desconcertante y, creo, aún no se ha aclarado ese punto.

            También deja una mala impresión el que personal administrativo del Instituto Nacional de Migración haya sido asignado a funciones operativa sin mayor preparación o adiestramiento, nada más para contener a los indocumentados centroamericanos que aspiran a ingresar, de forma legal o no, a Estados Unidos, de ninguna manera garantiza de antemano los resultados positivos que se desean.

            Si se agrega que a quienes ya operan como miembros de la GN no se les han proporcionado ni equipos ni respaldo necesario para operar, como sucedió como con los policías federales que fueron integrados a la nueva corporación a quienes se les envío a lsur del país pero sin un sitio adecuado para pernoctar, sin las mínimas condiciones de higiene ni con alimentos nutritivos.

            Ante las quejas de los elementos Francisco Garduño, el recién designado titular del Instituto Nacional de Migración, se burló de los inconformes al proferirles el mayor insulto sexenal al calificarlos de policías fifís, y decir que por la austeridad republicana deberían acostumbrarse a presuntamente ya no dormir en hoteles tipo Holiday Inn y comer en buffets, sin disculparse hasta que recibió una llamada de atención presidencial.

            Más no fue el único conflicto, el siguiente fue el de los uniformes proporcionados al personal del INM asignado a la Guardia, que eran de medidas excesivamente grandes, al afirmarse que esas ropas eran sobrantes a las asignadas a internos de los Centros Federales de Readaptación Social, coincidentemente donde Garduño anteriormente fue director.

            Pero ahí no terminan los problemas para la Guardia, ya que a pesar de que inicialmente se había programado cierta cantidad de elementos a determinadas áreas, ya han asignado a varios miles de ellos en diferentes regiones. Por ejemplo, el Estado de México se recibirán en promedio 450 elementos a cada una de las 32 regiones en que se ha dividido para que en el 2021 sumen en total 17 mil.

            Pero en el caso de la Ciudad de México donde Claudia Sheinbaum, la jefa de gobierno había afirmado que no era necesaria la presencia de la Guardia Nacional, después aceptó que operara en tres alcaldías, todas ellas limítrofes con el Estado de México pero, posteriormente, el presidente López Obrador dijo que estaría en toda la entidad.

            Finalmente se acordó que para “el fortalecimiento de la estrategia de seguridad y procuración de justicia en la ciudad”, inicialmente se asignarán a dos mil 700 elementos en ocho de las 16 alcaldías. Es decir, a pesar de todo lo programado entonces la distribución será de acuerdo a las necesidades más que a lo proyectado inicialmente.

            Con todo lo anterior, resulta necesario reorganizar y redefinir todo el programa de la Guardia Nacional, que responda más a las necesidades de combatir la delincuencia y la violencia, más que a las necesidades de tipo político, de lo contrario este proyecto será un fracaso más.