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Opinión

De encuestas a encuestas

Alebrijes en Cuadratines
Por Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

De las encuestas se dicen muchas cosas, como que dicen medias verdades o medias mentiras, según el uso que se le dé. Es decir, sus conclusiones pueden ser utilizadas para querer mostrar un panorama positivo o negativo, de acuerdo a las intenciones de quién maneje o también por su desarrollo, origen o conclusiones.

            Un buen ejemplo de ese manejo de encuestas lo tenemos con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien de acuerdo a sus intereses las difunde para asegurar que sus acciones son positivas y que van por buen camino o por el contrario, simplemente, las menosprecia o ignora por considerarlas si no irrelevantes por lo menos innecesarias.

            Veamos dos ejemplos recientes, coincidentemente ambos ampliamente difundidos en sus conferencias mañaneras y en ambos casos la fuente es el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

            Primero, el jueves 22 de agosto afirmó que el pueblo mexicano «el pueblo está feliz, feliz, feliz…», y tras ser cuestionado oficialmente sobre de dónde obtenía esa información, detalló que la metodología, población objetivo, levantamiento estadístico y distribución geográfica de la muestra y el presupuesto necesario, provenía del Indicador de Bienestar Autoreportado de la Población Urbana, mediante el cual el Inegi mide la satisfacción de la población con la vida.

            Para desarrollar esa tarea el organismo federal utiliza instrumentos de captación conocidos como módulos de Bienestar Autorreportado (BIARE), mediante los cuales pide a los encuestados califiquen una serie de aspectos relacionados con sus experiencias de vida y precisó que en su más reciente actualización, correspondiente a enero de este año, el indicador se ubicó en 8.4, cifra por encima de lo registrado en enero del año 2018, que fue de 8.2, y también «el más alto de toda la serie de observaciones con las que se cuentan».

            Incluso, López Obrador adelantó que en el informe que rendirá el 1 de septiembre hablará de la felicidad del pueblo y expresó literalmente: “El pueblo está feliz, feliz, feliz, hay un ambiente de felicidad, el pueblo está muy contento, mucho muy contento, alegres. Entonces, no hay mal humor social».

            Un día después, el viernes 23 de agosto, al dar a conocer el Inegi el dato definitivo del Producto Interno Bruto (PIB), al cierre del segundo trimestre de 2019, señaló que la economía percibió un crecimiento nulo, aunque se debe aclarar que la economía nacional libró un negativo periodo de recesión, ya que su resultado no fue negativo de manera consecutiva.

            El dato de 0.0%, con datos ajustados por estacionalidad, difiere con el crecimiento de 0.1% presentado por el Instituto en su estimación oportuna publicada el 31 de julio. Una caída en el sector industrial fue la causa del ajuste a la baja.

            Pero todas estas cifras fueron menospreciadas por López Obrador, quien casi con su ya clásico yo tengo otras cifras, consideró que ahora hay más desarrollo en el país: «Crecer puede ser que beneficie a un pequeño grupo, pero ahora se está creciendo y hay más y mejor distribución del ingreso. Abajo, la gente tiene más capacidad de compra, más poder adquisitivo, la mayoría de los mexicanos. Por eso no nos preocupa mucho el asunto».

            Argumentó que «son otros parámetros de medición, voy a seguir insistiendo en eso. Antes tenían una metodología que se sigue aplicando para medir crecimiento, a nosotros sí nos importa el crecimiento, pero nos importa más el desarrollo, porque, repito, crecer es crear riqueza y el desarrollo es crear riqueza y distribuir la riqueza.

            De esta forma, cuando le conviene no sólo respalda sino además las presume, pero si no le agradan por no respaldar las acciones de su gobierno, las menosprecia y descalifica.

            Sin embargo, es necesario destacar que la citada encuesta de felicidad del Inegi corresponde al mes de enero, es decir cuando legalmente apenas tenía un mes en la presidencia y no se habían registrado los conflictos y contradicciones en su administración, como ha sido el recorte de personal, la cancelación de programas sociales, la falta de medicinas, entre otros casos.

            Por lo tanto esa supuesta felicidad corresponde a las condiciones de hace siete meses, y resultaría necesario conocer los resultados de la siguiente encuesta, presuntamente aplicada en julio, para saber sí es ese presunto estado de ánimo positivo se mantiene vigente en la sociedad mexicana, como lo ha afirmado.

            En fin, consideró que es incorrecta esa actitud de aceptar lo que en lo personal le conviene y desechar lo que no. Finalmente, a pesar de todo lo que diga será la realidad la que se imponga y determine si las encuestas son ciertas o, como continuamente lo expresaba durante sus campañas proselitistas de que cuando le resultaban adversas, las señalaba de estar maiceadas, es decir compradas y manipuladas por sus contrincantes.             Lo malo es que de mantener esa idea de rechazar lo que no le agrada de las encuestas, entonces continuará la pérdida de credibilidad y confianza ciudadana, lo cual se ha manifestado de manera lenta pero constante en las últimas semanas.