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Opinión Alebrijes en Cuadratines

Imparcialidad del árbitro

Alebrijes en Cuadratines
Por Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

En todos los deportes existe un árbitro –puede ser llamado así o ampáyer, juez o réferi, entre otros nombres–, donde su función resulta ser la de vigilar y supervisar que se cumplan las reglas de cada modalidad, a fin de que el partido o encuentro se desarrolle de la manera más justa e imparcial posible, sin favorecer a alguno de los contendientes.

            Veamos el caso del futbol –casi todos o la mayoría de los mexicanos somos “pamboleros”–, por lo cual vamos a tomarlo como ejemplo. En cada juego participan en la cancha el árbitro central, quien es auxiliado por dos abanderados, quienes siguen el desarrollo del juego desde los pasillos laterales de la cancha, además de un cuarto elemento, quien verifica los cambios de jugadores y el anuncio del tiempo de compensación,

            Recientemente se ha implementado el llamado VAR—sistema de videoabitraje—, el cual consta de tres personas en cabina con diez pantallas donde se revisan el 100% de las jugadas y en caso de un error claro y obvio, son revisadas en conjunto con el árbitro central para emitir la decisión final y, en dado caso, revertir la decisión inicial.

            Todo lo anterior ha dado un alto grado de confiabilidad tanto en el desarrollo de los juegos de futbol no solo a lo largo del campeonato regular, así como en los juegos de playoff y hasta la final, donde se define al campeón de todo el torneo. Probablemente, de manera ocasional, suceda que algún arbitraje resulte cuestionable y las protestas se hagan públicas, por lo cual se sanciona a quien actuó mal, probablemente por malas apreciaciones.

            Ahora la pregunta sería: ¿estaría usted de acuerdo en que aficionados, jugadores, directivos, propietarios de equipos, empresas de apuestas, emisoras de radio y televisión que transmiten los partidos votaran para seleccionar a los árbitros de los partidos y, en particular, aquellos donde se definen los campeonatos?

            Por supuesto la respuesta sería un “no”, porque sin duda restaría calidad, interés y muy especialmente certeza y confianza en todos los resultados, los ganadores y los campeones carecerían de legitimidad. Todo ello, porque los árbitros deben ser imparciales y sus decisiones deben resultar inobjetables.

            Con todo el anterior ahora trasladémoslo al terreno político-electoral, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador además de dedicarse a atacar al Poder Judicial, donde no solo ha criticado sus acciones, además ha instruido a la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados para cancelarle diversos fideicomisos que afectarán a sus trabajadores.

            Pero otra propuesta también grave es la de que los jueces y magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación deben ser electos por la ciudadanía, en lugar de ser propuestos por el Poder Ejecutivo y aprobados por el Poder Legislativo. Su argumento es que estos dos poderes son electos mediante el voto ciudadano, lo que no sucede en el Poder Judicial.

            (Esta propuesta, no solo ha sido secundada por Claudia Sheinbaum Pardo, sino incluso la ha utilizado como parte de su campaña para posicionarse como la candidata de Morena a la presidencia de la república para las elecciones del próximo año, por lo cual este tema se mantendrá vigente en los próximos meses.)

            Con lo expuesto en la p<arte inicial de esta colaboración se ha establecido que quien funge como árbitro en una contienda deportiva, al igual que en otros terrenos, en particular el electoral, los titulares no pueden llegar a sus responsabilidades mediante el voto popular.

            Hasta el momento ese tipo de elección solamente sucede en Bolivia, donde ha quedado comprobado que ese tipo de procedimientos sencillamente no resultan ser positivos para la ciudadanía, por ser totalmente inoperante.

            El problema es que a través de sus conferencias mañaneras López Obrador ha insistido en este tema que, al igual en otros más, muchas personas le tienen una confianza ciega y le creen en todo lo que expresa y no solo eso: lo defienden y replican sus afirmaciones.

            Otro punto es que para el político tabasqueño no existen medias tintas o diferentes tonalidades, para él todo es blanco o negro, si no se está con él aceptando todo lo que afirma, entonces estás en su contra y, por lo tanto, merece todo tipo de calificativo, desde conservador, neoliberal hasta casi traidor a la patria.

            Ello ha provocado una gran polarización social, cuyas consecuencias no pueden ser anticipadas en este momento, pero resulta necesario terminar con esa división entre la ciudadanía y, pese a los dichos presidenciales expresar los desacuerdos, en aquello en lo que no se coincida, pero no solo simplemente con dichos, sino con hechos, cifras reales, argumentos y debatiendo para, de esa forma, llegar a acuerdos.

            Es necesario estar abiertos a las diferentes ideas y propuestas, sin descalificarlas de antemano, para de esa forma llegar a acuerdos que verdaderamente favorezcan a la sociedad, y no simplemente expresar propuestas populistas que no ayudan en nada a la democracia.

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