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Pensiones, enésima ocurrencia presidencial

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Por Adrián Chavarría Espinosa

ache57@yahoo.com.mx

Durante la semana pasada el presidente Andrés Manuel López Obrador reveló su enésima ocurrencia: enviar una nueva iniciativa de reformas a las pensiones para, según él, anular la impulsada durante el sexenio de Ernesto Zedillo, con el propósito de que los trabajadores reciban al jubilarse el mismo en salario que antes de retirarse de la vida productiva.

            Pero son varios factores, tanto políticos como económicos, los que simplemente hacen no difícil sino imposible cumplir con ese objetivo, por lo cual se convierte en un propósito electorero, con miras a ganar votos en favor de Morena para el próximo dos de junio.

            En primer lugar, dentro del renglón político, debe recordarse que una reforma en materia de pensiones, por ser de tipo constitucional, se requiere el voto favorable de la mayoría calificada tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, lo cual en la presente legislatura carece el actual partido mayoritario, incluso con el apoyo de sus partidos aliados.

            Probablemente podría plantearse para la siguiente, según los resultados de las elecciones del primer domingo de junio, ya que en caso de que el voto ciudadano respalde a Morena y logre que sus legisladores en ambas cámaras federales sumen las dos terceras partes, a fin de alcanzar la mencionada mayoría calificada. De otra forma no sería posible.

            Por otro lado, de lograrse superar ese obstáculo legislativo, entonces se deben analizar las condiciones económicas necesarias para alcanzar ese propósito. Debe precisarse que en algunos casos, empleados de Petróleos Mexicanos y del Comisión Federal de Electricidad –organismos, por cierto, que han recibido grandes sumas en subsidios–, pueden jubilarse con el 100% de sus sueldos, incluso en ocasiones hasta más.

            Pero el problema para el trabajador común, quienes se desempeñaban en la iniciativa privada, anteriormente patrón y empleado, aportaban una parte para la pensión, mientras que el Instituto Mexicano del Seguro Social, además de administrar esos recursos, también agregaba más. Pero, con el paso del tiempo, los recursos del IMSS resultaron insuficientes para cubrir las jubilaciones, razón por la cual se cambió al sistema de las afores.

            Así, el control del sistema de pensiones mexicano pasó en 1997 a manos de administradoras de fondos privadas (afores), que a octubre pasado gestionaban unos 5.4 billones de pesos (casi 320 mil millones de dólares), alrededor de un 20% del Producto Interno Bruto (PIB), según datos del regulador Consar. Para incrementar esos recursos, las citadas afores realizan diversas inversiones en obras y en la Bolsa de Valores.

            Bajo este sistema tanto la parte patronal como el gobierno, generan una parte mientras el empleado otra más, siendo ésta última variable, es decir tiene la oportunidad de ingresar mayores recursos, los cuales, al final de su vida laboral, les permitiría una mejor pensión.

            Ante ello, López Obrador recordó que en el 2020 hubo una primera reforma al sistema de pensiones pero, dijo, que es incompleta y, “por eso vamos ahora a profundizarla». En ese entonces se redujo el número de semanas cotizadas y se eleva de forma gradual la aportación de los empresarios a la cuenta de retiro de los trabajadores por hasta llegar a 15% en 2030.

            Incluso, en su conferencia del pasado viernes, el presidente insistió en que el gobierno federal efectuará aportaciones para conseguir ese propósito, para lo cual aseguró que ya se efectúa un análisis de la cantidad de las aportación que debe aportar para lograr este fin.

            Explicó: “Para tranquilidad de todos, lo que vamos a hacer es que el gobierno va a ir aportando lo que no ha aportado antes, ayudando para que progresivamente se logre que el trabajador reciba, cuando se jubile, su sueldo y no la mitad”.

            Sin embargo, es difícil precisar de donde se obtendrían esos recursos. De acuerdo con especialistas financieros, las finanzas públicas acaban el sexenio sobrecargadas por los costos de programas asistencialistas, edificación de obras de infraestructura a sobrecostos y con el plus de vivir subsidiadas y con enormes transferencias fiscales, directas e indirectas, a Pemex.

            Agregan que ese tipo de políticas populistas del viejo priismo, que él respalda y alienta, en especial cuando descalifica al “sistema neoliberal”, son las que han acabado con la salud financiera de empresas como Pemex y la CFE, y si realmente hubiera tenido intenciones de una verdadera reforma lo hubiera hecho al principio de su sexenio, no al final.

            Un punto que ha sido minimizado es no considerar a los trabajadores informales, quienes permanecen ajenos el esquema de las afores, útil solo para los trabajadores formales, cuando en México más de 50% de la Población Económicamente Activa trabaja en la informalidad, sin acceso a la seguridad social y, además, sin aportar al fisco.

            Por último, los especialistas informan que ni los países desarrollados, con sólidos sistemas de pensiones, otorgan a sus trabajadores 100% de su salario al momento de jubilarse; así trabajadores de Australia, Estonia, Irlanda y Lituania tendrán pensiones de apenas el 30%, mientras de Austria, Colombia, Dinamarca o Grecia rebasarán el 70% en los próximos años.

            En resumen, lograr que en México los jubilados o pensionados reciban el 100% de su último salario, es otra ocurrencia presidencial, pero ahora de fin de sexenio. Pero no solo eso, también ya compromete a la siguiente administración federal, en caso de ser encabezada por Claudia Sheinbaum.

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