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Segundo informe de Sheinbaum


Alebrijes en Cuadratines

Por Adrián Chavarría Espinosa


ache57@yahoo.com.mx

El pasado primero de septiembre se repitió el viejo ritual político donde el presidente en turno rinde su informe de labores, a fin de cumplir con la disposición constitucional de presentar a la nación el estado que guarda la administración pública federal.

Tal y como sucede desde 2006, cuando el Partido de la Revolución Democrática impidió que Vicente Fox rindiera ante el Congreso de la Unión su sexto y último informe de labores de forma presencial para solo entregarlo por escrito y, a partir del año siguiente se estableció legalmente esta modalidad, desde entonces el mandatario en funciones solo dirige un mensaje al pueblo a través de medios electrónicos y ante un auditorio seleccionado.

Pero siendo presidente y bajo el argumento de estar más cerca de la población, Andrés Manuel impuso la práctica de rendir “un informe” trimestral, es decir en tres ocasiones más al oficial del 1° de septiembre, sin que ello significara dar a conocer alguna novedad u otros temas relevantes, solo era por cuestión de mantener e incrementar su imagen y presencia política.

Lo único positivo es que ahora el informe “oficial”, dure aproximadamente una hora, cuando anteriormente se prolongaba por dos horas o más. Sucede que con “el ejercicio” de las conferencias mañaneras, realmente no existe nada nuevo o relevante para dar a conocer.

Pero tras las cifras que casi casi ubican a México a las puertas del paraíso, donde sus habitantes no tienen problemas o padezcan carencias sociales, familiares y/o económicas, la terca realidad señala que aun existen asuntos por resolver como los desaparecidos y la falta de apoyo a las personas buscadoras, reducir las extorsiones tanto a comercios, grandes y pequeños –donde muchos se han visto en la necesidad de cerrar sus puertas–, incluso que ya afecta a particulares a quienes se les quiere cobrar “derecho de piso” por sus viviendas.

Resultan ser más los asuntos de los cuales no se informó debidamente o se maquillaron las cifras para exponer una falsa realidad –situación constante a lo largo de los sexenios de todos los colores–, como asegurar que la economía goza de excelentes condiciones, sin existir un crecimiento real, un falso panorama laboral aunque la mayor cantidad de la fuerza laboral se encuentra en la informalidad, sin prestaciones sociales o, incluso, que ya han sido superadas todas las carencias en materia de salud y distribución de medicinas.

Así se podría analizar el segundo informe de Sheinbaum el cual expone una irreal visión de lo vida diaria, donde su popularidad se cimenta en los programas sociales –a los cuales este año se le encauzaron un billón de pesos–, para ser un gran apoyo para adultos mayores, pasando por mujeres y amas de casa, hasta estudiantes de varios niveles, aunque muchos de ellos los utilizan para otras necesidades, como la compra de medicinas.

En comparación con anteriores presidentes la mandataria goza de amplia popularidad al rendir su segundo informe de labores. Según cifras de la Encuesta de Encuestas de Polls MX Carlos Salinas de Gortari fue el exmandatario que llegó a esta etapa con la aprobación más alta, mientras Enrique Peña Nieto registró el porcentaje más bajo.

Salinas de Gortari tuvo un 76% de aprobación –respaldado por el TLC y la privatización de empresas estatales–; Ernesto Zedillo alcanzó un apoyo del 50% –después de la crisis económica de finales de 1994–; Vicente Fox llegó con 54% de aval en la primera alternancia presidencial –aunque tenía problemas para aprobar sus principales propuestas: una reforma fiscal y cambios en materia energética y laboral–.

Felipe Calderón tenía 60% de aprobación –cuando la seguridad era parte central de la agenda nacional, incluso iniciaba su “guerra contra el narcotráfico”–; Enrique Peña Nieto llegó con 46% de aprobación, donde su gobierno se centró en las reformas estructurales –pero ya afrontaba la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la investigación de la “Casa Blanca”, por una propiedad de su esposa Angélica Rivera–; Andrés Manuel López Obrador con 66% de aprobación, combatía el huachicol y alentaba el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas –aunque el panorama varió por la pandemia de Covid 19–.

Respecto a Claudia Sheinbaum, al rendir su segundo informe su nivel de aprobación variaba entre 70% y 67% –dependiendo de la casa encuestadora–, lo cual podría valorarse como un buen porcentaje, ligeramente inferior a Salinas de Gortari, pero debe considerarse que en algunos momentos ha estado muy ligeramente por arriba del 80%, es decir habría perdido más de diez puntos porcentuales.

Por ejemplo, la encuesta de la empresa Demoscopia –difundida por La Jornada, actual periódico consentido por el gobierno federal–, ubicaba a la mandataria con una aprobación del 80.1% en junio de 2025 hasta el 69.9% en agosto pasado, es decir diez puntos de diferencia.

La cuestión es que si en Palacio Nacional no se atienden adecuadamente los conflictos sociales y políticos existentes, incluso afrontar exitosamente el proceso electoral del próximo año, entonces la popularidad de Sheinbaum podría seguir a la baja y le resultaría muy difícil poder recuperar el terreno perdido.

En materia de política no existen recetas ni métodos que garanticen mantener la popularidad social, ya que cualquier evento inesperado y sin resolver, significa un gran descrédito personal y, en consecuencia, el rechazo popular, como ha sucedido anteriormente.